Si algo debemos contemplar es la p4sión con el que varios docentes dictan sus clases. Es que el ser docente es algo que va muchísimo más allá de enseñar a sus estudiantes lo que está en los libros.
Esos que logran mostrar su lado humano, llegan a dejar una huella en los corazones de sus alumnos que durará para toda la existencia.
Todos tenemos ese docente que recordamos con cariño, y indudablemente, Natalia Miranda, lo recordará a el para toda su historia.
La joven, oriunda de Aguadilla, Puerto Rico, tuvo que arreglárselas para regresar a clases después de las secuelas que dejó el ciclón Fiona y que afectó a la mayor parte de su población.
Sin importar las destrucciones del ciclón, bastante gente tuvo que retomar la cotidianidad de sus ocupaciones y seguir realizando sus vidas.
En ese contexto, Natalia Miranda, tuvo que arreglárselas como podía, puesto que para regresar a clases de nuevo no tenia con quien dejar a su pequeña hija.
“Cuando todo se viene al piso y sientes que no puedes más, la empatía de solo una persona hace la diferencia. Hacen falta más profesores asi.”
Agradecidamente, tenía la empatía de uno de los instructores de la facultad de la región de Aguadilla quien no dudó en tenderle una mano. La imagen del docente cargando a la niña mientras daba clases se volvió viral de manera rápida en internet y tantos aplaudieron su accionar.
“Tal vez para mi instructor algo tan simple como coger a la nena y continuar dando la clase no tuvo un significado (…) Para mí, que estoy haciendo de tripas corazones para lograr realizar todas mis responsabilidades de madre, empleada y estudiante, lo fue todo.”
De acuerdo con la información compartida por el medios Wapa televisión, la joven se arriesgó a ir a clases con su hija, corriendo el riesgo de que las autoridades de la facultad no la dejaran ingresar a las salas.
Para su sorpresa, nadie le prohibió el paso al salón y también su maestro Iván Ruiz, se ofertó a cargarla mientras daba clases para que ella pudiera prestar atención.
“Por ocasiones fuera de mi intención, tuve que llevarme a Marina conmigo a la facultad, arriesgándome a que no me dejaran ingresar al salón con ella. A lo largo de la clase, Marina salió inquietando y, como ya se encontraba distrayendo a los otros, me levante para irme a eso que él me dice que me quede tranquila que todo está bien.”
En ningún instante el instructor dejó de dictar la clase. En cambio, tomó a Marina cuando ella se acercó gateando hasta él.
con una sonrisa en su rostro y con Marina en sus brazos, siguió dando clases como si nada pasara. Inclusive, la niña aparentaba estar muy contenta y siempre que el docente explicaba algo, ella lo miraba y sonreía.


