El caso de la influencer nos recuerda que la vanidad tiene un límite, porque somos más que nuestra apariencia.
En este momento que se puso tan popular comentar de amor propio y las prácticas que tenemos la posibilidad de llevar a cabo para subir nuestra autovaloración, vale acordarse que ese terreno está separado con una fina línea de la dismorfia corporal, algo que probó
La socialité es bien popular por algunas prácticas cuestionables para proteger su figura, convirtiéndose esto básicamente en una obsesión donde no le importa cuál sea el precio a pagra para seguir estando en forma, atractiva y joven, sin importar si atenta contra su salud.
Catalogan a Kim Kardashian como ‘obsesiva’ por estar delgada: 3 acciones que no debemos imitar
Para meterse en el vestido de Marilyn Monroe que lució en la MET Gala 2022, rebajó 7 kilos en menos de dos meses con medidas extremas y además llegó a declarar que “si me dijeras que tengo, verdaderamente, que comer heces todos los días para estar más joven, puede que lo hiciera”.
Aunque está bien cuidarse, cuando le ofrecemos excesiva preocupación a nuestro cuerpo, suponemos que nuestro valor está supeditado a cómo nos observamos y maxificamos hasta el último ‘defecto’ o ‘imperfección’, ya nos encontramos alejándonos de esa iniciativa de amarnos enserio.
Porque sí, querernos no es solo ir al gimnasio, comer sano o hacerse un facial, además es aceptarnos de la misma forma que somos (sin que esto nos no permita a buscar siempre una mejor versión), y respetar nuestra salud física y mental.
CON SUS MEDIDAS DE AUTOCUIDADO, KIM KARDASHIAN PUEDE INSPIRAR A MUCHAS, PERO ADEMÁS ES ARRIESGADO SEGUIRLAS A CABALIDAD. LA HABITANTE DE ESTADOS UNIDOS ADMITIÓ PADECER DE DISMORFIA CORPORAL, LO QUE NO ES SALUDABLE Y NECESITA DE ASISTENCIA PROFESIONAL.
De igual modo, cuando nos encontramos centradas únicamente en nuestro cuerpo, perdemos referencias de nuestro verdadero valor, talentos y atributos, adentrándonos en un espiral de narcisismo en donde buscamos la validación, atención y admiración de los otros, no importa el valor.
Entonces nos obsesionamos con nuestra apariencia, compramos ropa cara, pasamos por el quirófano, nos volvemos arrogantes y reinas de los autofotos, cuando en el fondo, seguimos repletas de inseguridades y sin atender lo que realmente importa: la relación sana con nosotras mismas.



